domingo, 13 de junio de 2010

CAMBIA EL RUMBO A LAS ESTRELLAS



Quiero empezar este tema con una sonrisa. Leí recientemente un artículo publicado por el periodista José Yoldi en el periódico español "El Día" que reza textualmente: "Pitágoras decía que sobre todas las cosas pueden hacerse dos afirmaciones totalmente contrarias y parece que tenía razón. Una de las anécdotas más celebradas en ese sentido contaba la historia de un tipo que había acudido con su esposa a una reunión de antiguos alumnos. En un rincón se encontraba una mujer completamente ebria. ¿La conoces? preguntó la esposa. - Es mi ex novia. Me contaron que se dio a la bebida cuandos nos separamos y que nunca volvió a estar sobria. - !Cielos! comentó la esposa. ¿Quién diría que alguien pueda celebrar algo durante tanto tiempo?
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En nuestro caso, quiero referirme a la aventura vivida por la joven californiana de 16 años, Abby Sunderland, quien el pasado Enero inició en su velero una travesía solitaria que la llevaría a repetir la hazaña que llevaron a cabo Fernando de Magallanes y compartes, hace más de 500 años, de circunvalar nuestro ovalado planeta. Claro que en el caso de Miss Sunderland, existen claras diferencias con el marinero portugués: Ella pretendía realizar la travesía sin ninguna compañía, su embarcación estaba mejor dotada que sus contrapartes de la Edad del Descubrimiento y por supuesto estaba ahí, la diferencia de edad. Me imagino que Abby se sentiría estimulada por otros adolescentes personajes de la historia (v.g. Alejandro Magno, Juana de Arco, el Papa Juan XII y por supuesto el Faraón Tutankamon). Sin embargo, cruzando el implacable Mar Índico las fuerzas de la naturaleza casi le destruyen el navío y por poco termina la intrépida americanita en el fondo de la mar oceánica.
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Ahí ha empezado la polémica y pitagórica controversia y ya se han formado bandos antagónicos en las redes sociales del Internet. Uno de ellos acusa a los padres de irresponsabilidad extrema al permitir que su joven hija se embarcara en tan peligrosa aventura. Otros, entre los cuales se encuentra quien esto suscribe, sienten una gran admiración tanto por los padres como por la valerosa hija. ¿Que mejor que ver a un hijo adolescente, como dijera el poeta, "ponerse su traje de tormentas y tomar el timón que cambia el rumbo a las estrellas" en vez de observarlo gastar su vida frente a una pantalla, manipulando un universo frío, cibernético y virtual, en un mundo que él piensa todo se lo debe? Y usted ¿De que bando se coloca? en el que chatea o el que prefiere tomar el timón que
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CAMBIA EL RUMBO A LAS ESTRELLAS
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Pitágoras lo decía
lleno de confianza plena
que botella medio llena
está igual medio vacía
pues el gran griego sabía
con su mente tan genial
cada quien ve con cristal
que tiñe con su emoción
y del mundo su visión
es única y personal.
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Esto lo puede ilustrar
la argonáuta adolescente
que el mundo tenía en su mente
solita circunvalar
y al intento fracasar
dos corrientes se han formado
una que al padre ha tildado
gran irresponsable ser
otra que debe volver
a reintentar lo iniciado.
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Ese bando he preferido
que a Abby dé su libertad
pues cualquier chico a su edad
todo lo cree merecido
pues chateando protegido
de tormentas y centellas
se olvida de cosas bellas
y de la eterna lección
que si uno empuña el timón
cambia el mundo y las estrellas.
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Rafael Martínez Céspedes
12 de junio de 2010




2 comentarios:

Anónimo dijo...

Valerosa chica! Merece otra oportunidad!!

Marissa dijo...

Si fuera mi hija, seguro que la apoyaría. Admiro mucho el valor de estos adolescentes, a esa edad se quiere cambiar el mundo y no se miden los peligros. Que viva la juventud!!